El ratón vs. el cuervo

Cuando hablamos de la alteración o utilización de un contenido para la generación de uno nuevo, la percepción de este como robo de idea depende en gran medida de la mirada de la gente y su conocimiento sobre la idea original.

Si alguien altera las orejas de Mickey Mouse, su relación con Walt Disney va a ser inmediata. Pero si sucede una situación similar con El Cuervo de Edgar Allan Poe, el producto resultante de la alteración no sería foco de acusación como robo de ideas.

¿Por qué?

Esa pregunta podría responderse fácilmente desde un punto de vista mercantil, pero hablando de la cultura y la sociedad, ¿de qué manera pasa algo a ser dominio privado a los ojos de los demás?

Irónicamente, la respuesta podría tener que ver con este mismo aspecto económico.

Las marcas que mas venden. Que están mejor posicionadas mundialmente y que están presentes en un sinfín de aspectos de la vida diaria de grandes números de personas alrededor del mundo, son aquellas que se consolidan en la mente de la colectividad como una idea inviolable.

El arte, la escritura y los productos de las ideas escondidas en los archivos menos consultados de las bibliotecas y los museos parecieran no tener propietario alguno en la mente de los demás.

Este puede ser un argumento para frenar un poco el monstruo económico que es el CopyRight, pues no debería haber entonces ideas que no merezcan reconocimiento como propias. Todo el contenido, si se siguiera la lógica de este discurso, tendría que ser privado y surgir como original con el paso del tiempo. Lo cual es completamente imposible.

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